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Josefina Ludmer

Abstract

La noche del viernes 9 de diciembre murió, en Buenos Aires, Josefina Ludmer de quien tuve la suerte de ser amiga. En agosto de 2015 participé de un homenaje que le hicieron en la Universidad de Buenos Aires y leí el texto que sigue. Hoy, es mi manera de lamentar su muerte.

Emigradas

Participé, como oyente porque ya era “ayudante de primera” en la Facultad, del primer seminario de Josefina en 1984. Conocía su trabajo, conocía su mitología, pero no la conocía personalmente. Aquel seminario fue deslumbrante y no solo por el clima de cauta euforia política e intelectual que se vivió ese año; lo fue porque Josefina compartió sus ideas absolutamente estimulantes y obligó a un estado de diálogo público –o, mejor, de asamblea permanente- que la mayoría de nosotros, formados durante la dictadura, desconocía. Desconocíamos la masividad, desconocíamos pensar en público. Pero no solo nos animó a discutir públicamente sino a concebir la institución misma –la facultad- como un lugar discutible, a trabajar la institución universitaria como un problema en el mismo momento en que accedíamos a ella.

En el campo concreto de aquellos seminarios, mis colegas/amigos/as tienen más motivos para comentar. Yo quisiera mencionar hoy otro aspecto de su vida, que conozco un poco mejor. Mi relación personal con Josefina, tardía, se estableció cuando las dos vivíamos fuera de la Argentina; ella en New Haven, yo en Caracas. No recuerdo cómo, en un viaje que hice a Estados Unidos, ella me invitó a dar una conferencia en Yale y, de paso, generosamente, me permitió instalarme en su casa por una semana para que pudiera usar la magnífica biblioteca de su universidad (“robá, robá todo lo que puedas”, me decía, con un modelo que era, sin duda, arltiano y no antropofágico; como siempre en ella, la cultura toma la forma de un modelo delictivo, transgresivo). Las situaciones de ambas –ella y yo- eran bien diferentes pero, cuando nos veíamos, no dejábamos de hablar de la experiencia de la emigración. No éramos exiladas, éramos (yo todavía lo soy) emigradas, dos personas que, por motivos diferentes, habían –ya grandes y voluntariamente- dejado de vivir en la Argentina pero mantenían vínculos muy sólidos y estrechos, afectivos e intelectuales, con el país. A Josefina le interesaba discutir TODO, desde las cuestiones más generales a las más detalladas, desde las más “filosóficas” a las más pintorescas. Y, siempre fiel a su estilo, mezclaba argumentos, no los jerarquizaba.

Lo que recuerdo de aquellas charlas, sin embargo, no son contenidos. Es el tono conversado y discutido sobre “la patria”, esa idea completamente artificiosa a la vez que una marca cierta en la experiencia. La Argentina era aquello que la había llevado a escribir ese libro único, El género gauchesco, el tratado sobre una forma de pensar la cultura; eran los crímenes contra la autoridad y la ley, que desarrolló en El cuerpo del delito, era una forma de leer el presente que se extremó en el modelo de un diario en Aquí América Latina (cuando Argentina se convirtió en América Latina). Eso es el recuerdo; pero las conversaciones continúan. Por eso paso ahora al presente, porque más allá de la territorialidad, la emigración, en cierto modo, continúa y deja sus marcas. Cuando nos vemos seguimos discutiendo de la vida “allá” (sea donde sea ese allá). Y, naturalmente, seguimos discutiendo de lo que pasa “acá”. El acá, o la versión poco ortodoxa de patria, adopta para Josefina el género de la discusión, de una indagación polémica de las condiciones de producción de argumentos, saberes, discursos, impresiones. No se trata de “nacionalismo” sino de todo lo contrario; se trata de generar una lectura política no solo de la literatura sino de la propia experiencia dentro de una comunidad. Entre muchas otras cosas, eso aprendí de ella.

Last Updated 8 months ago


Citation

Graciela Montaldo, « Josefina Ludmer », Blogs, Columbia University | LAIC, Department of Latin American and Iberian Cultures (online), published on December 10, 2016. Full URL for this article

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