Research / Blogs

Libros lulianos en la Biblioteca del Colegio de San Ildefonso (1495-1518)

Abstract

El objetivo de mi presentación es la reconstrucción de la presencia de los libros y las ideas lulianas en la círculo intelectual del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517), centrándome sobre todo en el periodo de formación de la biblioteca del Colegio de San Ildefonso, desde 1496 hasta la muerte del cardenal en 1517. En esta charla me centraré en el lulismo cisneriano y en el modo en que este representa el principio de un siglo de influencia institucional sin precedentes en la historia del lulismo, asimismo en cuáles son las características distintivas del lulismo castellano. También exploraré los impresos lulianos hechos con sello del cardenal como Arnao Guillén de Brocar (1460-1523), impresor de cabecera de Cisneros, en Alcalá o Diego de Gumiel en València. En última instancia, la red de lulistas que se establece en torno al cardenal tiene no solo un horizonte religioso y epistemológico, sino también político que marcará el acercamiento posterior de Felipe II al lulismo.

© Laura Fernández Fernández (UCM)

Cuando comencé mis estudios en otoño de 2010 la Universidad de Columbia en New York y habiéndome ocupado durante la mayor parte de mi vida académica de cuestiones literarias, decidí ampliar el radio de mis textos de interés e investigar las interacciones entre arte y ciencia durante la Temprana modernidad para la tesis doctoral. La razón de ello era que durante mis estudios de máster en París había ido interesándome más por cuestiones epistemológicas. Mi intención primera en aquel momento era trabajar sobre diálogos y polianteas y desarrollar una investigación sobre los materiales que componen el orden del conocimiento en libros como la Silva de varia lección de Pedro Mexia, el Jardín de flores curiosas de Antonio de Torquemada o La plaza universal de todas las ciencias y artes de Cristóbal Suárez de Figueroa. Algunas veces antes de dormir pienso que hubiera sido una bonita tesis. Sin embargo, una tarde de junio de 2011 pedí en la Biblioteca Nacional de España el Arte general y breve de Pedro de Guevara, versión del Ars brevis de Ramon Llull, escrita originalmente en Pisa en 1308. El libro de Guevara estaba publicado en 1584 y dedicada al rey Felipe II. La edición de Ramon Llull, las máquinas del Arte y los diagramas se presentaron como una oportunidad demasiado tentadora como para dejarla pasar. Tras una serie de aventuras y desventuras que sería largo contar muy por extenso la curiosidad inicial me llevó a proponer el tema de una tesis que tiene por título provisional: “Toda cosa cognoscible. La portabilidad de Ramon Llull en la Temprana modernidad ibérica (1482-1610).” Esta breve narración es en parte una justificación por la rareza de mi tema de tesis. La historia del lulismo está marcada por dos constantes: el interés por la obra de Ramon Llull por parte de personajes desperdigados por la historia intelectual europea y el carácter altamente excéntrico de todos ellos. Desde Nicolás de Cusa y Pico della Mirandola hasta mí mismo todos aquell*s que se han interesado por Ramon Llull han llegado a sus libros por caminos poco ortodoxos. Así, estudiar el lulismo significa a la vez estudiar el camino de los otros hasta el Doctor Iluminado y el de uno propio. Quiero agradecer a la profesora Laura Fernández por haber tenido la idea de invitarme a hablar de todo ello, también a José Manuel Lucía Megías y a Marta Torres por hacer esta intervención posible, a mi maestro Jesús Rodríguez-Velasco por haber sido en todo momento el interlocutor generoso que este proyecto necesitaba, a mis profesor*s y compañer*s del otro lado del océano en LAIC–Columbia University y a Rubén Pallol y los miembros del Seminario Historia, Cultura y Memoria de la UCM que a pesar de trabajar en marcos temporales diferentes, me han ofrecido el don de la discusión sin la cual esta presentación sería imposible. Una primera versión de la misma fue escrita en el Raimundus-Lullus-Institut de la Freiburg Universität donde es difícil distinguir entre las huellas del mismo Doctor Iluminado, las de los Padres Alemanes que prepararon las máquinas de papel del Arte y las del sabio doctor Fernando Domínguez Reboiras.

En última y primera instancia, quiero agradecer su infinita paciencia y ayuda a l*s bibliotecari*s de Marqués de Valdecilla, de la Real Biblioteca del Monasterio del Escorial, de la Biblioteca Nacional de España, de la Biblioteca del Palacio Real, de la Bibliothèque Nationale de France, de la Rare Book Collection de Columbia University y de la Hispanic Society en New York. Yo soy incapaz de estudiar en mi hogar por lo que he hecho de todos y cada uno de estos espacios un segundo hogar a lo largo del trayecto de la escritura. Al fin y al cabo he tenido que pasarme horas encerrado en bibliotecas para darme cuenta de que mi proyecto no trata de otra cosa que de bibliotecas. De bibliotecas no solo como depósitos de libros, sino como laboratorios de ideas.

En el año 1503, Rodrigo de Santaella compró los terrenos pertenecientes a una antigua sinagoga donde fundaría el Colegio de Santa María de Jesús y su capilla, aunque los estatutos del Colegio no se aprobaron la construcción hasta 1505 gracias a una bula emitida por Julio II. De la misma manera en que la Universidad Complutense está relacionada con la antigua Universidad de Alcalá y con el Colegio de San Ildefonso fundado por el Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (cuyo escudo de armas figura todavía hoy en el de la esta institución), la actual de Sevilla tiene su origen en Santaella y en la fundación del Colegio de Santa María de Jesús. Los estatutos sevillanos se expresan en términos drásticamente negativos sobre Ramon Llull, su doctrina y la enseñanza de la misma en sus aulas:

[…] se prohibe enseñar la doctrina nominalista y la de Raimundo Lulio, pues quienes la siguen son como esos hombres vanos a los que se refiere la palabra del Apóstol, siempre aprendiendo sin llegar nunca a la ciencia. (cit. Bataillon, 84, 12)

La opinión negativa sobre el valor del lulismo en términos educativos no era poco común durante la Temprana modernidad. En uno de los textos clásicos sobre la educación humanística, Gargantúa aconseja a su hijo Pantagruel del mismo modo:

Des arts libéraux : géométrie, arithmétique et musique, je t’en ai donné le goût quand tu étais encore jeune, à cinq ou six ans ; achève le cycle ; en astronomie, apprends toutes les règles, mais laisse-moi l’astrologie et l’art de Lulle, comme autant de supercheries et de futilités. (Pantagruel, ch. 8)

En los estatutos sevillanos los lulistas son equiparables a los hombres vanos [inani] (Santiago 2:20), que son aquellos que muestran fe sin obras. La oposición evangélica entre la fe y la obras se traslada aquí a un juicio sobre la educación. La fe es el aprendizaje y las obras son las ciencias. Las ciencias están lejos para de Santaella de ser aquello que son para nosotros, es decir, campos definidos en los que se divide la práctica secular del conocimiento. En los estatutos sevillanos las ciencias son estados a los que es necesario llegar, mientras que el aprendizaje es el camino hacia ellas. El lulismo sería así una perversión en el camino del aprendizaje. El lulismo representa una asíntota que se aproxima al límite de la ciencia sin llegar nunca a alcanzarla.

En el discurso de Gargantúa, sin embargo, se nos opone la utilidad de las artes liberales a la inutilidad de supercherías como la astrología y del arte de Ramon Llull. Para Rabelais el lulismo no es un camino perverso. No es siquiera un camino en la medida en que no conduce a un objetivo, sino que se trata de una falsa disciplina que conduce al error. Ramon Llull solo transmite falsedades.

El objeto de esta conferencia es ocuparse de la importancia de la obra de Ramon Llull en la génesis del Colegio de San Ildefonso, en la fundación de su biblioteca y en el interés de Cisneros por las obras del mallorquín. Para hacerlo es necesario recordar que la obra de Ramon Llull era a principios del siglo XVI una referencia controvertida desde muchos puntos de vista, también el académico.

Como muchos de los presentes saben, hablar del Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros significa traer a la mente una gran cantidad de hitos de la historia de la Temprana modernidad en forma de conexiones biográficas: la correspondencia con la Beata de Piedrahita, los periodos de regencia, la confección de la Biblia Políglota a la que esta biblioteca le dedicó una excelente exposición en otoño, etc. El lulismo puede ayudar a completar la imagen que tenemos hasta ahora de Cisneros y ampliar la imagen mental que nos hacemos de su figura y del impacto cultural que tuvo en la historia intelectual castellana.

Además, para hablar de la importancia de Ramon Llull en el entorno cisneriano, es necesario también sobreponerse a una  dificultad. Ramon Llull parece ocultarse detrás de todas las puertas, su nombre parece un murmullo en voz baja en la historia religiosa, política e intelectual de la Temprana modernidad. Está en todas partes y en ninguna. Las ideas de sus escritos parecen inspirar instituciones y obras, aunque materializar esta impresión como algo más eso, una impresión, no es fácil.

La propia historiografía del lulismo no ayuda, ya que siempre ha procedido por sujetos históricos singulares. Su objeto ha sido siempre conectar a un lulista con otro. Su elección se justifica dada la singularidad de la obra de Llull y la posibilidad de establecer conexiones entre distintos lulistas como si formaran una especie de república de las letras. Pero esto puede llevar a establecer un modelo idealista formado por puras singularidades.

Una de las razones por las cuales la definición del Colegio de San Ildefonso como una institución de enseñanza del lulismo es importante es el hecho de que nunca una figura de tal importancia política como Cisneros ni una institución con tal cantidad de recursos como el Colegio de San Ildefonso habían dado un espacio preeminente al estudio del lulismo en Castilla.

A pesar de la existencia de textos y de un interés por la figura de Ramon Llull en Castilla, San Ildefonso marca un giro en el lulismo ya que es un intento de crear un repositorio castellano del lulismo que legitime la figura del Doctor Illuminatus no como el centro de una circulación predominantemente mediterránea, sino como de un fenómeno nuclear hispánico. Tanto es así que Alonso de Proaza, secretario de Cisneros, profesor de retórica en el Estudio General de Valencia y editor de La Celestina se refiere a la relación entre Llull y el Cardenal Cisneros de la siguiente manera: “Hodie vero Doctor Illuminatus vulgo dicit sed a Reverendissimo hispaniarum Cardinali litterattorum fautore illuminatissimus doctor semper vocitatur.” [Así es llamado Doctor Iluminado por el vulgo pero el reverendísimo Cardenal de las Españas y hacedor de de literatos siempre le llamaba Doctor Iluminadísimo.] (Ars inventiva veritatis, Ed. Proaza, f. 222v) Sin embargo, antes de reconstruir esta relación entre la escritura luliana y el proyecto intelectual cisneriano, es necesario establecer cómo las peculiaridades del lulismo determinan esta relación.

En este punto me gustaría introducir tres precisiones fundamentales a la hora de hablar de la influencia de Ramon Llull, es decir, del fenómeno intelectual que se conoce como lulismo.

La primera es la naturaleza extremadamente compleja de la obra de Ramon Llull, en cuya génesis intelectual hay presentes rastros tanto de aristotelismo como de lógica árabe y de la cábala. El problema de la reconstrucción de estas influencias de origen es que el carácter idiosincrásico del Arte de Ramon Llull las fagocita y las convierte en instrumentos de la máquina discursiva que ella misma pone en marcha. La descripción de las complejidades de la formación de la obra de Llull podrían ser objeto de varios ciclos de conferencias por lo que no considero posible describirlos detenidamente. Sin embargo, hay que aclarar para la comprensión del tema de la conferencia que en última instancia la obra de Llull se relaciona con el problema de la predicación mediterránea y con la idea de encontrar un lenguaje a través del cual sea posible demostrar la irrefutabilidad de la fe cristiana. Para ello Dios, le reveló a Ramon Llull el método del Arte, para demostrar la inherente superioridad lógica de la fe cristiana.

No obstante aquello que es central a la obra de Ramon Llull es la necesidad de la predicación y la idea de que el lenguaje producido a través del Arte permite al espíritu humano ascender desde Dios hasta las cosas y viceversa. Además del Arte, Ramon Llull es conocido por obras como la narración alegórica Blanquerna o de carácter enciclopédico como el Felix. En ellas tiene lugar una conceptualización de la totalidad, una delimitación de todo aquello que existe y que el alma puede conocer. Esta conceptualización aparece condensada en numerosas copias del Arte de Llull en la expresión “todas las cosas cognoscibles.” [omnia scibili]

El segundo problema consiste en que muchos de aquellos que están interesados en la obra de Llull durante la Temprana modernidad la conocen solo de manera parcial. Muchos de los posesores de libros lulianos serán seducidos por la lectura de libros puntuales, aquellos que pueden conocer. Del problema fundamental de la oscuridad histórica e inabarcabilidad del opus luliano procede la paradoja de que no sea tarea fácil distinguir siempre entre lulistas, antilulistas y pseudolulistas de entre aquellos que poseyeron, comerciaron, copiaron o editaron obras suyas. El ejemplo más evidente de esta dificultad es el del humanista Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim (1486-1535). Según la obra que se lea, Agrippa fue un comentador de los textos lulianos (Commentaria in artem brevem Raimundi Lullii, 1533), alguien que condenó la obra de Ramon Llull (De incertitudine et vanitate de scientiarum et Artium, 1527) y alguien que se apoyó en ella para crear un complejo sistema filosófico nuevo (De occulta philosophia libri tres, 1533). En esto último es parecido a lo que hicieron Giordano Bruno o G. W. Leibniz.

Este es un problema fundamental de la tradición luliana: cómo referirse a una herencia intelectual tan dispar que nadie es capaz de aprehender de manera completa. Todavía peor, cómo hacerlo en un tiempo en el que las catálogos que distinguen las obras auténticas y las apócrifas todavía no son exhaustivos y en el que los lectores más devotos de la obra de Ramon Llull desarrollan una relación altamente idiosincrásica con la misma.

Naturalmente, el tercer problema de la difusión del lulismo es la existencia del pseudolulismo. Escritos de tradiciones cabalística y alquímica son dos de los tipos más frecuentes de encontrar interpolados entre las obras de Ramon Llull, sea en ejemplares manuscritos o impresos. La tradición pseudoluliana fue también favorecida por la popularidad de la obra de Ramon Llull durante el siglo XIV, justo después de su muerte. Según la leyenda, Ramon Llull había coincidido con Arnau de Vilanova (1238-1311) en sus últimos años en Paris donde ambos se habrían dedicado conjuntamente al estudio de la alquimia. Esta tradición fue importante para el XVI español y aunque no me referiré aquí a ello, algunos especialistas han señalado que el primer contacto de Felipe II, que es probablemente el lulista más poderoso que nunca ha existido, fue de hecho a través de la visita de algunos alquimistas a su corte.

Para superar los obstáculos de conceptualización a los que vengo de referirme de la tradición de copia y la recepción de los escritos lulianos, me referiré a la difusión del libro luliano y a la lectura y transmisión, sobre todo, del Arte con un solo término: “portabilidad.” La idea de portabilidad me parece mejor que la de lectura, transmisión o recepción porque en parte incluye las tres y porque además tiene en cuenta las peculiaridades materiales de la tradición luliana en la que los opositores o los perseguidores definen los avatares históricos de la misma, en la que las copias de los libros lulianos están en medio de libros pseudolulianos o insertados en tradiciones totalmente ajenas. Es sin duda la fluidez de los libros lulianos la que permite, por ejemplo, que las compilaciones de mística que comienzan a hacerse durante el siglo XV, el Corpus Hermeticum, la filosofía neoplatónica y la alquimia reconozcan la tradición luliana como seminal para sus propósitos.

La portabilidad del lulismo permite explicar los fenómenos relacionados con el libro manuscrito y con el libro impreso que forman cada uno a su vez archivos imposibles que se relacionan con la causa luliana de canonización en Roma y con los objetivos de predicación a través del Arte durante el siglo XVI. Pero sobre todo, permite analizar de manera diferente los problemas de transformación del modelo del Arte de Ramon Llull en el reinado de los Austrias. Es decir, si Dios reveló el Arte a Ramon Llull como un método de conversión y su difusión tanto en el círculo de Cisneros como entre muchos de los intelectuales que rodearon a Felipe II en el Escorial tuvo un propósito distinto, el modo de llevar a cabo un análisis de estas interferencias no el delimitar tradiciones intelectuales que aparecen siempre asociadas a Ramon Llull durante la Temprana modernidad. Como mi formación no me permite manipular ninguna de estas tradiciones con seguridad para determinar la auténtica naturaleza del lulismo, aquello que me interesa es estudiar la materialidad de la difusión de las obras de Ramon Llull. Mi objetivo es en última instancia reconstruir el contexto y los modos de lectura en sentido religioso, político e intelectual de las obras de Ramon Llull.

En una carta dedicada a Francisco Jiménez de Cisneros, Alonso de Proaza se ve en la necesidad de describir qué tipo de escuela intelectual representan los lulistas y de dar a la vez una razón histórica a la expansión del lulismo. Para hacerlo en la carta prologal explica cómo la luz de Cristo irradió la tierra y tal luz fue llevada primero por los Apóstoles y los doctores de la Iglesia y su dispersión por el mundo creó lo que él llama “terrena sydera,” es decir, una constelación terrestre. Tal constelación estaría formada por singularidades que se dedican a llevar la luz de la palabra del señor allá donde van. En la carta, la idea de que la escritura y la difusión de la palabra escrita son modos de reflejar la luz primigenia de la venida de Cristo llevan en progresión histórica a la génesis del Arte de Ramon Llull.

Tanto Apuleyo como Plinio el viejo utilizaron esta expresión y es incierto el origen qué hubiera podido tener para Proaza aunque lo importante es que refleja la realidad de una obra diseminada, con grandes dificultades de clasificación. Numerosos puntos de la geografía europea conservan hoy como conservaban durante los siglos XV y XVI manuscritos y copias lulistas en latín y en distintas lenguas vernáculas. Paris, Pavia, Siena, la Selva Negra y, sobre todo, Mallorca donde los Jurats de la ciudad preservaron las obras y el culto a la memoria del beato. Hoy nos parece que los lulistas representan excentricidades en la historia del pensamiento. En realidad, son puntos en una red histórica y geográfica de intercambio y estudio de libros. Podría llamarse república de las letras, pero Proaza ya le puso otro nombre.

La verdad es que aquello que los une es la lectura, la copia y el comercio con los libros de Ramon Llull y la inclusión de su lectura en trayectorias intelectuales altamente personales. De ahí que la naturaleza desperdigada o, si queremos, diseminada del lulismo determine las dificultades a la hora de pensarlo como una escuela doctrinal.

Sin embargo, esta es la paradoja del lulismo de la Temprana modernidad. Una gran parte de lulistas llevan la lectura de las obras de Ramon Llull en el que estas son irreconocibles por lo que su lectura ha sido personalizada, y, aun así, maestros como Jaume Janer o Alonso de Proaza se ven en la necesidad de legitimarla, de reconocer que sus puntos son luminarias que siguen la misma idea que llevó a los primeros apóstoles a llevar la luz de Cristo por el mundo y a los doctores a establecer la doctrina de la Iglesia. Son puntos de una red intelectual que se relaciona a través de las misivas y de los libros, a través de actos parciales de lectura del Arte de Ramon Llull y de su reinterpretación. La parcialidad de las relaciones con los distintos libros de Ramon Llull y la imposibilidad de contemplar su obra en conjunto definen –problemáticamente- a los lulistas de la Temprana modernidad.

Cisneros nunca escribió sobre Ramon Llull. La única comunicación existente por parte de Cisneros sobre las obras de Ramon Llull es su carta a los Jurats de Mallorca escrita el 8 de octubre de 1513. Esta carta establece dos puntos documentales importantes. El primero es que Proaza actúa ante los Jurats de Mallorca en calidad de embajador del Cardenal. El segundo es que los Jurats de Mallorca estaban deseosos de ganar para el apoyo de la Causa luliana al Cardenal de España y por ello le envían manuscritos de Ramon Llull que de otro modo hubiera sido difícil que terminasen en las estanterías de la biblioteca de San Ildefonso. El resultado de este comercio de manuscritos es de importancia a la vez intelectual y política. San Ildefonso se convierte en un centro de difusión del lulismo y pasa a ser un punto en la red que forma la constelación terrenal de los centros que se ocupan de la enseñanza y que de alguna manera expanden el influjo intelectual del lulismo.

Al mismo tiempo, la carta certifica el hecho de que un personaje de la máxima relevancia política encuentra la doctrina lulista de gran utilidad y se compromete con su difusión universitaria y con su protección eclesiástica. El origen de la predilección de Cisneros por la figura de Ramon Llull es difícil de establecer. Solo existen tres conexiones circunstanciales: 1) su condición de franciscano tardío y apasionado defensor de la orden que era depositaria de la tradición intelectual del Arte de Llull; 2) el hecho de que su regreso a la corte, el famoso maestro lulista Pere Dagui, que había sido nombrado capellán real, imparta su cátedra en la corte y su influencia en la misma justo antes de su regreso a Mallorca en 1499 es grande; 3) la protección de Cisneros a figuras históricas del misticismo ibérico como la beata de Piedrahita, a la que defiende con su testimonio ante un tribunal inquisitorial.

El problema aquí no es necesariamente que no seamos capaces de trazar el origen de la protección al lulismo a Cisneros ni siquiera su auténtica posición con respecto al Arte y a las otras obras de Ramon Llull, sino que no es posible trazar un mapa del lulismo con respecto a los otros intereses del Cardenal. La razón es que aquellos que relataron la inclinación del Cardenal por las obras de Ramon Llull son lulistas ellos mismos y partidarios de la causa luliana que tenían todo el interés en asociar la figura de Cisneros al lulismo. El mejor ejemplo de ello es la inserción de Cisneros escuchando las obras de Llull recitadas en la biografía del Doctor Illuminatus escrita por el secretario y profesor en San Ildefonso Nicolau de Pacs: “atque inter magna hispanię gubernandę negotia dumque iter faceret sempre me sibi presentem esse iubebat dicturum ex Lullisticę philosophię et theologię.” [“incluso entre los graves negocios del gobierno de España, siempre quería que estuviera presente en sus viajes para que le leyese fragmentos de la teología y la filosofía lulianas.”] Sin embargo, el hecho de que no existan testimonios directos extensos del Cardenal en los que hable de la doctrina de Llull, me ha empujado precisamente a pensar en la portabilidad como una manera de convertir esta carencia en una ventaja.

Si la portabilidad es una manera de considerar a la vez la difusión de libros lulistas y su recepción, la razón es que es necesario unir ambas cosas para construir una idea distinta de lo que es el lulismo. Tradicionalmente, consideramos de manera paralela lulistas a aquellos autores que se ocupan de discutir la doctrina luliana, especialmente el Arte, y a la vez consideramos lulistas a ciertos personajes de quienes sabemos que poseían libros de Ramon Llull y que no se ocupan directamente de su obra, aunque muestran huellas más o menos visibles de su lectura. Por ello, los catálogos son tan importantes en la construcción de la portabilidad. A la vez ponen los libros en el contexto de un proyecto intelectual distinto al de su propia obra y a la vez dan una idea de la obra como un todo necesaria en una época en la que su difusión se caracterizaba por ser fragmentaria.

El catálogo de las obras de Ramon Llull poseídas por Cisneros y elaborado seguramente por Nicolau de Pacs de su puño y letra incluye 74 entradas. Su redacción se debe probablemente a la necesidad de controlar los ejemplares que estaban en la biblioteca del Cardenal, aquellos que estaban en la biblioteca de San Ildefonso, aquellos que había enviado a València a Proaza para que llevara a cabo su edición del Ars inventiva veritatis que se publicaría en Valencia en 1515 con el escudo del Cardenal en la portada y aquellos en los que hay una superposición entre ediciones impresas y manuscritas enviadas por los Jurats de Mallorca.

Los catálogos lulistas fueron objeto del estudio erudito de Ramon d’Alós-Moner a principios de siglo. En los últimos años, todos han sido puestos a disposición de los investigadores gracias al valiosísimo trabajo de la Base de Dades Ramon Llull – Llull DB, asociada a la Universitat de Barcelona y dirigida por Anthony Bonner. Aquí querría señalar la importancia de la presencia de obras de la tradición lulista en catálogos que se refieren a la construcción de la biblioteca de San Ildefonso y que ponen los libros lulistas del Cardenal Cisneros en el contexto de un proyecto de saber.

El Estudio de San Ildefonso no es un proyecto que Cisneros comience exactamente, sino que es un proyecto que Cisneros hereda y expande. El proyecto de construir un Estudio General en San Ildefonso se remonta al menos hasta la mención que hace de él Sancho IV (1258-95) en una carta real en 20 de noviembre de 1293. En esta mención aparece al arzobispo de Toledo Gonzalo Pétrez (1238-99) como principal impulsor del proyecto. Alonso Carrillo de Acuña instalaría en 1473 un Studia litterarum con dos cátedras públicas de gramática y lógica y otra destinada a los monjes del Monasterio franciscano de Santa María de Jesús para que escuchasen: “la çiençia o çiençias que les mandasen.” El proyecto cisneriano para San Ildefonso fue mucho más ambicioso y contó con la aprobación de cartas buladas de los papas Alejandro VI y Julio II.

La idea detrás de San Ildefonso era construir una institución de enseñanza que incorporase nuevas disciplinas y que adelantase a Salamanca. Para ello los estatutos de San Ildefonso concedían al rector un enorme poder. “Iuridiccion quasi episcopal tiene el Señor Rector,” como atestigua Pedro de Aranda de Quintanilla y Mendoza, biógrafo de Cisneros. La presencia de Ramon Llull es importante en la medida en que el Arte es un mecanismo discursivo que permite confrontar la totalidad del mundo, del alma humana y de la naturaleza divina reduciéndola a sus componentes más simples según unos principios preestablecidos.

Por su parte la biblioteca de San Ildefonso estaba basada en una idea de reubicación disciplinar que no está en especificada en ningún texto y sin embargo es posible leer la aparición de las obras de Ramon Llull en la biblioteca como un elemento constituyente de este movimiento de reordenación de las disciplinas. Tal es la paradoja de Ramon Llull en la biblioteca de San Ildefonso. Por un lado, su presencia en San Ildefonso ayuda a definir la portabilidad temprano-moderna de la obra de Ramon Llull; por el otro, existe una solidaridad entre la presencia de Llull en San Ildefonso y la organización de una nueva biblioteca.

Para hablar de la presencia de Ramon Llull en la biblioteca de San Ildefonso es necesario señalar que tanto los trabajos de José García Oro sobre Cisneros y los primeros años de San Ildefonso como el trabajo de Elisa Ruiz y Helena Carvajal sobre la génesis específica de la biblioteca. Me limitaré a la presencia de fuentes lulistas en la documentación conservada en dos fases: primero, la adquisición y, luego, la organización. Con respecto a la adquisición es necesario regresar a la carta a los Jurats de Mallorca para recordar que casi con toda seguridad los manuscritos preservados en el fondo cisneriano son envíos desde el exterior y no adquisiciones. El documento de adquisiciones catalogado en BNE MS 20056/47 y perteneciente a los fondos de José Amador de los Ríos abarca adquisiciones hechas por secretarios de Cisneros para la biblioteca entre 1496 y 1509. A pesar de ser incompleto, permite hacerse una idea de los libros lulistas que estuvieron en la estantería de San Ildefonso y de qué estuvo disponible para la compra entre finales del siglo XV y principios del XVI entre las obras de Ramon Llull. Los dos libros que aparecen mencionados son no ejemplares del Arte, sino ejemplares impresos de otras dos obras distintas. El primero es el Arbor scientiae, impreso por Pere Posa en Barcelona en 1489, adquirido en Toledo y recibido en 1503. El segundo es la primera parte del Liber contemplationis, impreso en Paris por Jean Petit en 1505, editado por Jacques Lefèvre d’Étaples, adquirido en Medina del Campo y recibido en 1507.

Los dos son obras importantes en la medida en que proponen exposiciones de carácter más enciclopédico que técnico de la doctrina luliana, esto es, no están organizados en torno a los principios de funcionamiento interno de la doctrina, sino a una serie de objetos de análisis que son reconocibles a los ojos de un neófito. Así, el árbol se divide a su vez en dieciséis árboles que mezclan principios de división del mundo con principios de producción de discurso. Mientras que el principio organizativo del Liber contemplationis es distinto en la medida en que se articula en torno a debates de naturaleza teológica como la diferencia entre alma sensitiva e intelectiva, necesidad y contingencia, predestinación y libre albedrío.

La adquisición de ambos impresos establece conexiones de naturaleza distinta pero igualmente importante entre la obra luliana y el Colegio de San Ildefonso que ayudan a definir tanto la naturaleza del proyecto cultural cisneriano como la portabilidad del opus luliano durante la Temprana modernidad. La adquisición de la edición del árbol alimenta la búsqueda un modelo alternativo al de las artes liberales para la organización de las disciplinas. El árbol es un modelo dinámico en el que una base conceptual alimenta la distribución de las disciplinas y aunque la ilustración de este modelo no aparece todavía en la edición impresa adquirida por los secretarios de Cisneros, es evidente el poder de la asociación entre la doctrina luliana y la imagen del árbol como demuestran los árboles apócrifos incluidos en BH MS 106. No solo la tradición lulista es porosa sino que atrae a otras en su difusión. En este caso, además, la relación entre los manuscritos y los impresos no prueban necesariamente que los primeros fueron usados para la preparación de los segundos como en el mencionado caso del Ars inventiva y la edición de Proaza, sino que la edición puede servir para distinguir un elemento original de un elemento apócrifo en un manuscrito. El caso de la copia impresa del Liber contemplationis refuerza la idea de que la circulación del libro luliano influye sobre la configuración de la biblioteca de San Ildefonso por dos motivos. El primero es que su editor Jacques Lefèvre d’Etaples (1455-1536) asocia la impresión a la necesidad de formar una comunidad de escolares lulianos a su alrededor en Cartuja de Vauvert, entre ellos se encuentra el bibliotecario de la Sorbona Josse van Clichtove, quien había sido discípulo de Lefèvre. El segundo es que solidifica la relación del lulista Clichtove con la biblioteca de San Ildefonso. Clichtove es una figura lulista todavía mal conocida que tuvo importancia por su rol en la renovación de la orden de Cluny a principios del XVI pero también y sobre todo porque su rol en transformar la Biblioteca de la Sorbona en un centro de difusión del libro para el trabajo de todos los pertenecientes a la comunidad universitaria.

En este sentido, el trabajo llevado a cabo por Clichtove como bibliotecario mayor de la Sorbona había sido observado por algunos de los participantes en la redacción de los estatutos como el matemático y filósofo aragonés Pedro Ciruelo (1470-1548), a quien Cisneros había elegido expresamente por su formación en Paris. De la misma manera que Clichtove había atraído a copistas e impresores a establecerse en los alrededores de la biblioteca haciendo que esta pase de ser un repositorio a un centro de difusión. Igualmente, Cisneros atraería a Arnao Guillén de Brocar (1460-1523) e impulsaría ediciones como las ediciones lulistas hechas en Valencia.

No solo pretendía Cisneros convertir la biblioteca de San Ildefonso en un centro de difusión del libro, sino que se planteó la necesidad de un modelo distinto de organización del conocimiento. La sala de la biblioteca constaba de diez grandes estanterías a dos niveles llamadas plutei y nueve de tamaño apoyadas sobre los muros llamadas escani de un solo nivel. Estas estanterías no están distribuidas siguiendo el orden de las artes liberales como lo estaba la biblioteca de la Universidad de Salamanca en aquel momento, sino que siguen un nuevo plan de distribución del conocimiento que no tiene una fuente pero que sirve para entender el tipo de educación que se impartía en el colegio. Al frente en la estantería se situaban las versiones de las Escrituras que fueron utilizadas por los editores, entre los cuales estaban Antonio de Nebrija, Hernán Nuñez de Toledo y Alfonso de Zamora. Después comentarios bíblicos y escritos de los padres de la iglesia. Después teología y filosofía. Después historia natural y medicina. Adyacentes a los muros se colocaban libros de derecho canónico y civil, libros en romance y clásicos griegos y latinos. El lugar ocupado por los libros de Ramon Llull dentro de esta estructura puede darnos una medida de su importancia en el Colegio y sobre todo de cuál podría ser el rol del lulismo dentro del proyecto académico de Cisneros.

Los libros de Ramon Llull ocupaban posiciones distintas entre el quinto y el noveno estantes de la biblioteca. A pesar de que no hay que leer la colocación de los volúmenes como una distribución infalible por disciplinas equivalentes a las modernas, la distribución de los estantes permiten un ejercicio más interesante, a saber, la lectura en torno a determinados núcleos textuales que actúan como centros discursivos y la colocación alrededor de los mismos de textos más o menos excéntricos con respecto a su tradición de escritura. Así es como puede explicarse en última instancia que en la parte superior del quinto pluteo de la biblioteca de San Ildefonso convivan el Arbor scientiae, impreso por Pere Posa y previamente mencionado, con copias de las obras completas de Jean Gerson, filósofo y canciller de la Sorbona que impediría la enseñanza de la doctrina luliana en la universidad a partir de 1390. En última instancia el hecho de que Ramon Llull se encuentre casi totalmente entre volúmenes de carácter filosófico y de lo que hoy calificaríamos como ciencias naturales señala aquello que a mi entender a comenzado a suceder con el lulismo en la historia intelectual ibérica premoderna.

No estamos tanto en mi opinión ante una secularización del lulismo como de la exploración de una posibilidad que estaba inscrita en él desde el principio, esto es, su conversión en un lenguaje que puede ser universalizado y a partir del cual todas las disciplinas pueden ser entendidas.

El escudo cardenalicio de Cisneros es una imagen bien conocida para el que se dedique al lulismo Temprano moderno. Como es sabido el escudo tiene dos componentes. El primero representa la pertenencia de Cisneros a un determinado linaje, se trata del escudo familiar de los Jiménez descrito por el biógrafo del cardenal, Baltasar Porreño:

Tomó por armas el Cardenal las de la illustre, y generosa familia de los Ximenez, y Cisneros de quien decendia por linea paterna: la qual tiene su casa, y solar antiguo en la villa de Cisneros en tierra de Campos. Las quales armas son siete xaqueles de sangre en campo de oro, que forman ocho xaqueles de oro; que en todos hacen quince xaqueles. (f. vir)

El segundo es el capelo cardenalicio con sus treinta borlas y representa el poder temporal que Cisneros había acumulado gracias a su talento y ambición políticos.

El escudo de Cisneros habla y convierte a las construcciones y objetos que lo portan en una extensión de la personalidad del cardenal. No es una excepción el primer colegio cuando fue terminado en 1509 en Alcalá. No lo son los libros de Ramon Llull. La presencia del escudo en los libros de Cisneros es a la vez una marca de posesión y de lectura, pero también una manera de mostrar públicamente su interés por las obras de Ramon Llull. Sobre todo en un momento histórico en que las autoridades inquisitoriales incluirían varias de las obras de Ramon Llull en el Index Librorum Prohibitorum y, a la vez, el rey Felipe II enviaría a varios secretarios para defensa de la Causa pía de la canonización de Ramon Llull a Roma. El escudo de Cisneros es parte de la recepción y de la difusión del libro luliano en la Temprana modernidad, un emblema de la portabilidad de Ramon Llull.

Este escudo no tiene el mismo valor sobre la portada de una edición impresa que sobre una copias manuscritas. Aquellos que pueden ver el escudo y aquellos a quienes está dirigido en ambos casos son públicos distintos. En el impreso, el escudo es una marca de la defensa y del apoyo económico a la difusión de las obras de Ramon Llull por parte del Cardenal. De la misma manera que la presencia del escudo sobre la Biblia Políglota, o sobre las ediciones de Alonso de Madrigal y de Aristóteles, el escudo del Cardenal en la edición lulista del Ars inventiva. Dado que Cisneros no dejó escritos de mayor envergadura en el que explique sus inclinaciones religiosas e intelectuales, estas hay que reconstruirlas a través de las obras de los otros que él editó. Pero a la vez al editarlas él en un contexto distinto, el sentido de las obras cambia.

Sin embargo, la aparición del escudo en los cuatro manuscritos existentes es una marca privada que indica la posesión de los mismos. Los manuscritos fueron con toda seguridad una moneda de intercambio político entre Cisneros y los Jurats de Mallorca como indiqué antes y después de la muerte de Cisneros entre su secretario Nicolau de Pacs y el lulista parisino Charles de Bovelles a quien es posible que Cisneros quisiera atraer para ocupar la cátedra luliana en Alcalá. La defensa pública y la posesión privada son las dos caras de la misma moneda, el compromiso con la difusión de las obras de Ramon Llull que define parcialmente San Ildefonso. En última instancia, es evidente que para Cisneros el lulismo había dejado de ser únicamente una herramienta para la predicación y se había convertido en una herramienta intelectual de mayor alcance que permite trata y organizar en base a unos principios todo lo cognoscible.

Al trabajar durante varias semanas en la sala de investigadores de la Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial pude comprobar que al principio en una de las paredes de la sala hay dos bustos: uno de Cisneros y otro de Felipe II. El Cardenal de España y el rey prudente compartieron la afición por la obra de Ramon Llull. El sacerdote Joan Seguí escribiría una biografía del Doctor Iluminado dedicada al rey y publicada ya muerto Felipe II, a principios del siglo XVII. Esta biografía ya existía en copia manuscrita mucho antes y según el prólogo, Felipe II se la leyó en su viaje de coronación a Lisboa en 1580. Existe una prolongación de este relato del lulismo premoderno que he contado hoy aquí que tiene que ver con la posibilidad de que el ejemplo de predicación luliana generase un horizonte político. Seguí parece pensar en esos términos en su biografía:

Assi que lo que es de grande importancia, segun me parece, seria que en cada Universidad de letras se mandasse que se enseñasen estas lenguas, o las que mas necessarias fuesen, como para la mayor parte del Oriente, la Persa y Malaca; para la Gentilidad de Guinea, la de Angola y Congo; para las Indias Occidentales, la Brasilia, Araucana, y del Peru; las quales aunque no sean del todo comunes para qualquier provincia particular, con la mezcla que tienen de todas ellas, se entienden, y son entendidos por ellas: y pues la necessidad es tan grande, el provecho tan excesivo, y de tanto servicio de Dios, la facilidad tanta, de tan poca costa, tan facil, y de tan poco trabajo para se entender, y la licion tan grata a todo genero de hombres, suplico a V. Magestad mande se entienda en ello, pues de cada lengua se hallara faraute natural que la enseñe en las escuelas, con darle el decido salario. (38v-39r)

Es posible imaginar un horizonte mediterráneo conquistado por un ejército y evangelizado como lo hicieron Cisneros y los lulistas franceses alentados por la victoria de las tropas Juan de Borgoña en 1509. Igual que Ramon Llull alentaba una nueva cruzada en las cortes europeas, Cisneros había imaginado una expansión sin precedentes del cristianismo sin duda incitado por la lectura de Blanquerna y de los libros que escuchaba recitar a su secretario Nicolau de Pacs. En la lectura de este fragmento de la biografía de Joan Seguí para Felipe II se hace posible imaginar que el horizonte de expansión de la cristiandad para él era mucho más ambicioso, pero en última instancia estaba influido del mismo modo por el ideal evangélico luliano.

Last Updated 2 years ago


Citation

Noel Blanco Mourelle, « Libros lulianos en la Biblioteca del Colegio de San Ildefonso (1495-1518) », Blogs, Columbia University | LAIC, Department of Latin American and Iberian Cultures (online), published on April 22, 2015. Full URL for this article

Join the conversation