[PhD Dissertation Synopsis] Insulto

Esta investigación atiende la pregunta por el insulto como hecho del discurso en determinados momentos de la historia política y cultural de Colombia.

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No se trata de una revisión extensa de fuentes primarias de los siglos XIX y XX en procura de un catálogo culturalista ingenioso que exponga y comente las expresiones nacionales insultantes. Seguramente en la historia de Colombia se ha insultado apelando a esquemas de identificación, señalamiento, segregación, desprecio o celebración parecidos a los de cualquier otra nación occidental. O no, lo que no haría a tal catálogo menos inventario bobalicón.

Se trata, en cambio, de una entrada reflexiva, orientada por el insulto, en fuentes primarias del archivo nacional que articularon sentidos de conflicto en momentos críticos de la historia cultural y política del país. El insulto como linterna. Menos búsqueda de insultos; más búsquedas desde el insulto.

Hablar de sentidos de conflicto en la pregunta por el insulto en la historia de Colombia debe comprometer más a la filosofía política que a la historiografía. Conviene que sea así porque hoy, para ese discurso reconocido como la historia de Colombia, el sustantivo conflicto (armado) denota un único sentido dominante que nubla otros posibles. A saber, la guerra en la segunda mitad del siglo XX, y principios del siglo XXI, entre estado, clase política, clase empresarial, guerrillas, narcotráfico y paramilitarismo.

Esos otros sentidos de conflicto posibles, en el pasado y en la contemporaneidad, serán pensados en esta investigación a partir de la noción de “interlocución política” desarrollada por Rancière. Para este, la discrepancia, la tensión o el tipo de conflicto que tiene lugar cuando se habla de interlocución política no refiere al momento del discurso en el que las partes chocan como resultado de que una quiere y ofrece una cosa distinta a la que la otra espera. Refiere, por el contrario, a un enfrentamiento en el que lo que está en entredicho es la comprensión misma de los términos de constitución del mundo: aquello que el lenguaje y el sujeto pueden expresar como lo deseable y lo ofrecible, es decir, los límites mismos de lo que cabe ser dicho y comprendido.

Así las cosas, lo que esta investigación busca, desde el insulto y su capacidad connotativa, y no a partir de insultos de probada o escandalosa claridad denotativa, son coyunturas, circunstancias o personajes de la historia nacional que en determinado momento cobran la fisionomía de lo que significa la “interlocución política” en el sentido que le da Rancière.

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En este contexto, los documentos comprendidos bajo el dominio de la historia política y cultural de Colombia (los memoriales de agravio y la prensa patriota; los sermones y los procesos judiciales; las disputas escritas entre líderes artesanos y los papeles proselitistas; los escándalos y los diarios íntimos; las crónicas y los archivos radiales; los ensayos, los comentarios online o las denuncias por injuria y calumnia, por citar algunos ejemplos de fuentes primarias tratadas en esta investigación), representan el problema de una acotación inestable imposible de definir a partir de la noción convencional del archivo como institución oficial para la preservación y la consulta.

Para que la entrada en las fuentes primarias se aventure más allá del consenso cómodo implicado en la categoría “archivo nacional”, hace falta un horizonte que permita comprender el archivo como posibilidad por fuera del propósito unívoco de preservación con fines consultivos, determinación propia del proyecto de nación y su construcción de espacios para el imperio de los depósitos.

Esa forma —ese horizonte que puede permitir la selección de archivo en clave funcional, versátil, sin ánimo de exhaustividad y aún así con algún sentido de orden— será construida a partir de la idea de sonoridad, atributo que refiere, precisamente, el ánimo de ordenar sonidos en una escala de mayor a menor intensidad.

Dicho de otro modo, la sonoridad es una de las dimensiones sustanciales cuando el insulto hace presencia en distintos tipos de fuentes primarias. Hacer presente el insulto —bien sea porque fue escrito, porque se lo reporta como pronunciado o porque se lo resiente y eso da prueba suficiente de su existencia— suele implicar la aparición de un espectro de verbos relacionados por un sentido de la intensidad y la sonoridad: clamar, murmurar, vociferar, rumorear, gritar, cuchichear, abuchear, vocear, chillar, desgañitarse. Todos ellos son posibles vehículos de la expresión insultante, vehemente o sutil.

Este atributo de la sonoridad, como huella posible en las fuentes primarias relacionadas con el insulto, no significa la construcción de un “archivo sonoro” como solución al problema de la acotación inestable de fuentes primarias hecha por fuera de la noción dominante de “archivo nacional”. No se acude a un hipotético archivo sonoro como sustituto del archivo nacional. Se acude a las resonancias de la sonoridad para remover sentidos convencionales que el archivo nacional impone sobre las fuentes primarias (Ochoa Gautier) y, a partir de allí, encontrar maneras funcionales y versátiles de tratar a este archivo y, en consecuencia, a las dichas fuentes primarias seleccionadas.

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Acudir al insulto como linterna de entrada en la historia cultural y política de Colombia compromete también la disposición de esa linterna en un lugar determinado. Ese lugar que le interesa a esta investigación suele vivir colapsado en la esfera pública contemporánea. Colapsado en el sentido de desaparecido. Su desaparición es producto de la lógica binaria extendida que ha consagrado al lenguaje como salida magistral de la violencia (Joxe). Libramos la violencia porque pasamos al lenguaje, y en el énfasis de ese pasar de una a otra, suele desaparecer, suele colapsar, la zona de contacto donde ambos escenarios son posibles en simultáneo.

Elegir el insulto, hecho cierto de la variedad de temperaturas o colores del lenguaje (entre ellos la posibilidad misma del lenguaje de hacer violencia), es así también elegir un lugar de observación: aquel espacio colapsado (desaparecido) por la exaltación de la antítesis entre lenguaje y violencia.

Así como el insulto hace de linterna de entrada en la interrogación del colapso cómodo entre lenguaje y violencia, esa interrogación es el camino mismo que le abre espacio, al insulto, dentro de la reflexión sobre la constitución y regulación del discurso (Amossy).

En el ámbito de las humanidades, una de las “ciencias” nacionales dedicada a la perpetuación de este colapso (no interrogado) ha sido la violentología, testimonio entre desesperado y ganso de la obsesión académico-proselitista por subsanar lo que las fuerzas sociales no pueden o no quieren detener. Separarse de la lógica representada en este “saber experto” (distanciarse de los centros de pensamiento de los partidos políticos, o de los colectivos para la memoria y la reparación de las ONGs), deslindar la propia lógica reflexiva de las tentaciones de justicia o de las tentaciones de ciencia gubernativa consistirá en saber ocupar ese lugar de observación con la capacidad de interrogar el colapso extendido sin caer en los abismos propios de la pregunta por la violencia.

Como apunta Žižek, toda pregunta por la violencia enfrenta al menos dos riesgos simultáneos: el riesgo de la mistificación de la víctima cuando esa violencia es confrontada directamente; y el riesgo de la reproducción del horror cuando esa violencia es atendida desapasionadamente.

En cierto sentido umbral propio del insulto (sustantivo que pone de presente el potencial de ofensa de las palabras, la primera violencia propia de la ordenación del lenguaje y la inminencia de la posibilidad de la violencia física), recurrir a este como linterna de entrada tiene tanto de elección como de aspiración. Es saber ocupar el lugar de observación que es simultáneamente empeño por formular dicho lugar de observación, un lugar permanentemente ladeado (“There are reasons for looking at the problem of violence awry”, dice Žižek), un lugar donde su condición de hecho del discurso le permite al insulto la irrupción e interrogación de los términos del lenguaje para no reproducir el horror y donde su posibilidad de marcar la inminencia de la violencia actualiza el riesgo y le impide al insulto la mistificación de la víctima.

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En esta investigación, hablar de momentos críticos en la historia política y cultural del país tiene sentido de situación en el tiempo, pero sobre todo, de eclosión en el discurso.

La división por capítulos no responde a periodos dictados por la historiografía nacional, aunque el trabajo de darle volumen a determinadas circunstancias históricas puntuales genere tal impresión. El sentido de unidad de cada capítulo responde a la identificación de uno o dos lenguajes especializados intrincados (el periodístico, el historiográfico, el jurídico, el religioso, el político, el proselitista, el literario, el panfletario, el científico, el ensayístico, el informal de las superficies digitales) que en determinados momentos resultan irrumpidos, interpelados o instrumentalizados a partir de dispositivos retóricos propios o parientes del espectro del insulto: el insulto como enunciación directa de una grosería y también el teatro entero de reclamarse ofendido o del verbo vehemente como arma con capacidad de presión física electoral.

La pregunta por el insulto a partir de eclosiones en diferentes lenguajes especializados tiene varias consecuencias. Por ejemplo, el insulto como hecho del discurso no es más o menos propio de un campo semántico, un grupo social o un momento del tiempo, porque la adjudicación del insulto como característica propia de uno u otro hace parte del repertorio de estrategias políticas y culturales sintomáticas de tensiones sociales, y como tal, como adjudicación, debe ser sondeada. Este tipo de adjudicaciones (los caricaturistas insultan, los pobres insultan, etc.) son frecuentes cuando gobierna la tentación de trazar tradiciones (Badiou). Común, por ejemplo, es la tradición auratizada de la “injuria estética”.

Por otra parte, cuando se interroga el insulto a partir del daño hecho, cuando la pregunta está un paso adelante y está dirigida a dar cuenta del daño cuando se reclama que un daño ha sido hecho, la operación misma de reclamo queda imposibilitada como espacio de reflexión teórica o cultural. No es que el insulto no haga daño. Desde luego puede hacerlo, como pueden hacerlo también muchas otras formas de la enunciación (un elogio, para no ir más lejos), incluyendo aquellas que movilizan acciones (la orden de un general, por ejemplo). De ahí que daño y reclamo deban ser distinguidos en el elemento insulto, lo que no suele ser el caso cuando gobierna la preocupación, a veces hiperventilada, por encontrar “soluciones legislativas” (Butler). Distanciarse así de la preocupación legislativa es dar un paso atrás en la asunción según la cual el insulto y la capacidad de hacer daño del lenguaje son la misma cosa.

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Otro cuidado condiciona toda pregunta por el insulto como hecho del discurso. El cuidado de su anverso necesario: no ya los múltiples sentidos y posibilidades del acto de ofender, sino lo que implica contemplar también, y en simultáneo, el acto de reclamarse ofendido.

Coetzee detalla muy bien la paradoja que subyace. En su análisis del acto de ofenderse (“taking offense”), el protagonista es la figura del intelectual liberal secular. Desde su orgullo racional, el protagonista se distancia de los sentimientos de ofensa, impropios cuando lo que gobierna es el valor de la razón. Al tiempo, sin embargo, ese mismo orden racional lo obliga a mostrarse comprensivo intelectualmente y ocupado legislativamente de las reacciones indignadas de los débiles (“underdogs”). Según Coetzee, pues, en la medida en que es propio de la mirada racional (“the unframed framer”) no respetar demasiado su propio ser-ofendido (“his own being-offended”), es difícil suponer una comprensión cabal, profunda, por la vía de la razón, de los sentimientos de “ser ofendido” de los otros y de la expresión temperamental de experiencias por medio del lenguaje.

La pregunta por el insulto contempla maneras de habitar esta paradoja, entre razón y capacidad cabal de comprender los sentimientos de indignación y las expresiones de temperamento en determinados momentos críticos de la historia cultural y política de Colombia.

Saber habitar esta paradoja, tal como la formula Coetzee, quizá signifique no permitir la inmovilidad reflexiva que conlleva protegerse en consignas cómodas del tipo “arriba la libertad de expresión”. De algún modo, atender el insulto representa ya, de entrada, una esperanza de movilidad dentro de la reflexión sobre la constitución y regulación del discurso.

Como unidad simple, como hecho del discurso con la capacidad de presentarse y ser reconocido directamente como lo que es (nadie sabe qué es el insulto, pero todos han sufrido uno, indica la sabiduría popular), el insulto tiene la prontitud y la presteza para trabar diálogo versátil con una amplia de red de categorías. Por eso pensar a partir de varios lenguajes especializados intrincados, y no meramente a partir de “periodos” históricos o “sujetos” sobresalientes: para conseguir extender dicha red de categorías y la movilidad que da el riesgo de enfrentarse a su amplitud.

Como hecho del discurso que sobrevive en condición residual y relegada (suele decirse que el insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe), decir insulto quizá sea invocar cierto riesgo de fracaso de la comunicación según el lenguaje especializado en cuestión (Bourdieu). En esa inminencia de fracaso, el insulto abre la posibilidad de interrogar mecánicas de relegación política y de desprecio lingüístico, lo que comprende la entrada y salida permanente de escenarios teóricos ocupados de categorías como las de pueblo, nobleza, opinión pública, nación, púlpito, memoria, liberalismo, espectáculo, multitudes, escándalo, incultura, populismo, democracia, modernidad o vanguardia.

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Si es cierto que pensamos sujetos a nuestra contemporaneidad, acéptese la siguiente pregunta extensa como gatillo y diana de esta investigación: ¿por qué las expresiones de indignación y temperamento de la gente (la llamada “epidemia” de insultos en las secciones de comentarios online de los portales de los medios masivos de comunicación; los permanentes “corrientazos” de indignación en las redes sociales; las marchas y las protestas plagadas de consignas insultantes, por citar algunos ejemplos) son normalmente anticipadas desde la tacha de instigación a la violencia, reducidas a preocupación legislativa, despreciadas como insuficiencia propia de vándalos incultos pero nunca interrogadas en lo que tengan que decir? Parte de ese decir quizá sea el vehículo enervado elegido: a veces el insulto, a veces el reclamo de ofensa.

Índice

Nota de Entrada

Insulto

Capítulo Uno

Introducción

  • Insulto, relegación, tolerancia, interlocución política y evento.

Capítulo Dos

Entre el honor y la ofensa

  • Repertorio político de criollos notables en la crisis de la Independencia (20 de Julio de 1810 en la capital virreinal)

Capítulo Tres

Sermones de incendio

  • Celo, pulpito y ley en la disputa por el monopolio del señalamiento del enemigo común (tercera década del siglo XIX en la Gran Colombia)

Capítulo Cuatro

Alacranes encarcelados. Artesanos empuñando

  • Insulto, evento y memoria en la batalla por el espacio electoral y el sustantivo pueblo (7 de marzo de 1849 en la República de la Nueva Granada)

Capítulo Cinco

Divino injuriador

  • Panfleto y palabra descompuesta en la brega de la leyenda Vargas Vila (fin de siglo en el exilio)

Capítulo Seis

Mugre verbal

  • Prosa de ensayo en Fernando Vallejo y secciones de comentarios online en Colombia (albores de la era digital)

Epílogo de Salida

Insultar

Bibliografía

Last Updated 2 years ago


Bibliography

  • Amossy, Ruth. “The Function of Polemic Discourse in the Public Sphere”. The Responsabilities of Rhetoric. Ed. Michelle Smith y Barbara Warnich. Long Grove, Illinois: Waveland, 2010, 52-61. Impreso.
  • Badiou, Alain. Being and Event. Trad. Oliver Feltham. New York: Continuum, 2010. Impreso.
  • Borges, Jorge Luis. “Dos notas. Arte de injuriar”. Obras completas. Vol 5. Buenos Aires: Emecé, 1989, 418-23. Impreso.
  • Bourdieu, Pierre. Language and Symbolic Power. Gino Raymond y Matthew Adamson Cambridge: Harvard UP, 2001. Impreso.
  • Butler, Judith. Excitable Speech: A Politics of the Performative. New York: Routledge, 1997. Impreso.
  • Coetzee, J. M. “Taking Offense”. Giving Offense: Essays on Censorship. Chicago: U of Chicago P, 1996, 1-33. Impreso.
  • Joxe, Alain. “Introducción general”. La violencia y sus causas. Paris: UNESCO, 1981, 9-25. Impreso.
  • Mill, John Stuart. On Liberty. New York: W. W. Norton, 1975. Impreso.
  • Ochoa Gautier, Ana María. “El reordenamiento de los sentidos y el archivo sonoro”. Revista Artefilosofía 11 (2012): 82-95. Impreso.
  • Rancière, Jacques. The Politics of Aesthetics. New York: Continuum, 2009. Impreso.
  • —.Disagreement: Politics and Philosophy. Minneapolis: U of Minnesota P, 1999. Impreso.
  • Žižek, Slavoj. Violence: Six Sideways Reflections. New York: Picador, 2008. Impreso.

Citation

Juan Álvarez, « [PhD Dissertation Synopsis] Insulto », Hispanic Institute Bulletin, Columbia University | LAIC, Department of Latin American and Iberian Cultures (online), published on March 30, 2015. Full URL for this article
Hispanic Institute Bulletin
ISSN 2377-8873
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