Una intrahistoria poética

Abstract

La intrahistoria poética de Miguel de Unamuno

Descifrar la filosofía de la historia de Miguel de Unamuno requiere enfrentar y traspasar tensiones lingüísticas, filosóficas y artísticas, impregnadas de metáforas y penetrar así, el sentido de la intrahistoria. El Historiador Pedro Laín Entralgo nota que todos los miembros de la Generación del ’98 expresan en su obra una posición teórica y estética de lo fugaz y de lo permanente. En este campo, la intrahistoria unamuniana aporta explicaciones teoréticas que en sí son creaciones artísticas, involucrando metáforas y dialécticas complicadas del instante y del eternidad, de lo exterior y lo interior, que animan a la participación activa del lector. Por lo tanto es útil y revelador mirar hacia la poesía de Unamuno, especialmente aquella finisecular, para explorar esta manifestación de la intrahistoria. Escrita a principios del siglo veinte cuando España aún se mecía en el sufrimiento de una crisis existencial, el poema La voz de la campana sintetiza la dialéctica de la intrahistoria a través de la voz del pueblo no sólo, como concepto filosófico —semejante a nociones del colectivo inconscientey del Volkgeist propuestas por los positivistas y científicos sociales de la época— sino también como fenómeno artístico que rescata aquellos instintos eternos e intra-concientes del pueblo español.

La inquietud española a finales del siglo diecinueve proviene de la perdida humillante de las colonias hispanoamericanas, la falta de una industrialización magnánima al estilo europeo, un contexto domestico lamentable en su analfabetismo y pobreza material, cultural e espiritual. De esta desesperación emerge el espíritu harto y ardiente de los pensadores de la generación del ’98, quienes buscaban lo castizo español en los pequeños pueblos, a la gente del campo con raíces en la tierra de Castilla, permeada por un carácter del Quijote autentico. “El pasado de esa España ideal estaría constituido por todas las obras y todos los sucesos de [su] historia en que les parec[ía] ver idóneamente expresada la casta íntima” (Laín). Unamuno expresa esta desesperación, que a la vez es prescripción, en la voz de la intrahistoria: el canto perpetuo del pueblo, la voz de su campana que ha resonado desde hace siglos y todavía continúa. Es la intravoz que queda y traspasa el tiempo, la historia, es lo que permanece, y por lo tanto, lo que rescata.

La intrahistoria unamuniana no sólo reside en las llanuras de Castilla sino que es la llanura castellana en toda su “extensa y árida soledad” (OC). Es un concepto y a la vez una realidad viva y fecunda de la tradición; traspasa nociones del pasado y del presente al convertirse en un perpetuo flujo que constituye la esencia interna, el ser, de la historia. La hispanidad se encuentra en este triste campo estéril de la estatización de los paisajes y de los grandes acontecimientos históricos que despiertan “sentimientos voluptuosos de alegría de vivir” (OC). La hispanidad es Castilla con su uniformidad y monotonía, con sus pueblos aislados y unidos por la iglesia y la familia. En esta intrahistoria castellana, el tiempo parece cesar para conservar la España castiza .

Con esta visión introspectiva hacia el interior físico y metafórico de España, Unamuno renuncia a la acción externa. Unamuno ofrece por su versión minimalista de la historia una solución psico-social e individual a la derrota del pueblo español. La hispanidad existe en la intrahistoria cotidiana en forma de una “tradición presente” o un “ momento histórico actual.” Con esta oposición binaria, Unamuno crea una dialéctica entre acontecimientos presentes y un fondo de tradiciones acumuladas que le dan vida a esos instantes singulares y por lo tanto se manifiestan en el presente. Para Unamuno la mente social es inconsciente: “las ideas mueven al mundo, se dice, y se olvida que hay algo que mueve a las ideas y que no es idea”; ese misterioso grupo de instintos, ese algo, viene siendo la intrahistoria (J.W. Butt).

Para lograr la hispanidad castellana, es necesario penetrar lo superficial, con sus historiografías que buscan a una tradición romantizada de los grandes acontecimientos culturales-científicos, y que mira al pasado como ideal para el presente —y así penetrar la intrahistoria. Unamuno destaca la necesidad de examinar el fondo cotidiano: aquellas historias de los lugareños que laboran silenciosamente en los campos. Por lo tano, Unamuno re-historiza la sustancia de la hispanidad castellana— la historia de lo cotidiano en vez de la historia de tradiciones y logros engrandecidos. A la vez que redefine el concepto de la historia como mecanismo de análisis en sí mismo, crea otra dialéctica entre la historiografía contemporánea y la historia: la una existe en continua lucha contra la otra, en su reformulación y reinterpretación constante del contexto de pasados acontecimientos. Por lo tanto, Unamuno se convierte no sólo en observador o historiador del derroche existencial de España, sino en creador, poeta de aquello que podrá despertar y revigorizar a la España castiza.

En su poema, La voz de la Campana, Unamuno nos dirige la mirada al plano de la tierra del pueblo español y el oído hacia una monotonía socio-cultural e intelectual. Nos presenta un oscurantismo que nace paradójicamente con la campanada del despertar del alba matinal de cada día. En los primeros dos versos

Somos espectadores y oyentes del “mar del sueño” de un pueblo español “que ni pide, ni niega, ni se queja: tan sòlo canta” una eterna canción de complacencia con lo cotidiano, la doctrina, la fe en una vida post-mortem. Este sueño es una eternidad que nace cada mañana. Con esta oposición binaria de eternidad-nacimiento, Unamuno crea un doble-plano para manifestar la intrahistoria en palabra. Nos sitúa “entre las nieblas” simbólicas de la crisis psico-social de la España finisecular, a la vez que nos ambienta en un terreno blando y monótono “de las miles de almas [que] dan una palabra” sin cuestionar tal suspiro complaciente, de aceptación de las normas actuales. Esta oposición le da fuerza a otra dualidad entre la voz y la campana. Las dos coexisten en una relación parásita en el inicio del poema: la campana de tradiciones, costumbres e ideologías complacientemente aceptadas tras siglos, adormece y calla el pensar no sólo colectivo, sino también individual de la voz del pueblo. La intrahistoria está presente pero adormecida, mecida por el susurro de un oscurantismo intelectual. El pueblo “tan solo canta:” la polisíndeton del “ni-ni-ni” de la frase ni pide, ni niega, ni se queja imita el sonido metálico de “la lengua de bronce” batiendo contra las paredes interiores de la campana mientras que la asonancia a-a ( alba-campana-palabra-canta-guarda)refleja lo visual y lo sonoro de la a en la palabra “campana.” El pueblo sólo es capaz de imitar la campanada del momento presente (ahistórico) por instinto y por complacencia sin despertarse a sí mismo para penetrar el momento histórico actual (intrahistórico) y vocear su propia campanada.

En los dos primeros versos de la tercera estrofa, Unamuno nos eleva al plano del cielo al invocar a un Dios que esconde y cultiva “la voz de esperanza” —la misma que no da, ni pide, ni se queja, que tan sólo canta. Un ángel mensajero le hace llegar esta voz monótona llena de esperanza en una vida eterna por promesas de instituciones del momento presente— de la religión, la política, cualquier doctrina o costumbre en que se cree sin cuestionar. La aliteración “silencio…Señor…su Silencio” reproduce el sonido de un susurro que adormece fonéticamente y alude al “sonido” del silencio; igual que el murmullo de la esperanza en promesas hechas por clérigos o políticos y creídas ciegamente por el pueblo.

La colectividad de la voz paralizada en el mar de sueño del pueblo respira en la quinta estrofa donde se destaca la singularidad: canta el arcano sobre su pobre y misteriosa vida, el mismo logra penetrar la intrahistoria durmiente para “prestar[le] sus alas” a “las tristezas que la noche incuba.” La oposición binaria pueblo-individuo se destaca más todavía con la singularidad del artículo definido “la” (la pobre vida, la voz, la noche) que a la vez sonoriza campanadas. Pero estas campanadas no son aquellas del principio donde la campana caía del cielo matinal para imponer su susurro; estas campanadas no son mecedoras sino despertadoras, alarmas con una “lengua de bronce [que] tiene el alma ruda” de un pueblo finalmente despertándose con la apertura hacia nuevos caminos y conceptos socio-culturales e intelectuales. Las consonantes y sus combinaciones en el último verso [Lengua, Bronce, Ruda, Rayar] caracteriza lo rústico del arcano y del pueblo, la falta de modernidad de España y la necesidad de una apertura hacia nuevos acercamientos a la existencia que provoquen nuevas campanadas con una voz que pida, que niegue y que se queje. En la oscuridad de la noche, cuando duerme el momento presente con todas sus doctrinas, es que puede vocearse la verdadera voz del individuo y del pueblo amargado. La oposición binaria entre eternidad-nacimiento del principio del poema se invierte; ahora es la voz individual la que “suspira divinas ansias” y no la imitación de las campanadas apartadas del cuestionamiento individual de toda ideología, acontecimiento, y costumbre. La asonancia a-a alcanza un apogeo abrumador en estas últimas estrofas (alma, rayar el alba, ansias). Más allá, campanean las últimas frases de cada verso en una apabullante polifonía de cinco sílabas que destacan más todavía la campanada de la a, y que se rasga lejos de la monotonía blanda y adormecedora de las campanas del principio: de la campana- tan sólo canta-voz de(e)speranza-tan sólo canta-presta sus alas-divinas ansias. Las campanadas visuales, figurativas y sonoras permean el poema y nos envuelven en una experiencia intelectual, artística y física de la intrahistoria.

“Del fondo continuo del pueblo llano, de la masa, de lo que tienen de común los pueblos todos, brotan las energías de las individualidades” (OC 1:804). El concepto viene siendo el clímax del proceso metafórico y dialéctico que en realidad crea el sentimiento del termino. Con una combinación de imágenes a varios niveles, de una estructura y subestructura, y de oposiciones binarias, Unamuno logra crear una experiencia compleja y abstracta de múltiples capas horizontales y verticales, exteriores e interiores, de múltiples pinceladas y melodías microscópicas que pintan una imagen y un sonido de una campana macroscópica. La campana se ve, suena, envuelve en su poder todo poderoso. La misma campana de la abnegación, la ignorancia, del “no pedir, ni negar, ni quejar,” que mecía al pueblo español en un “mar de sueño” adormecido; constituye la esencia, el ser, de este pueblo, y lo alarma, lo despierta de esta parálisis socio-psicológica para penetrar la eternidad de su momento histórico actual (la intrahistoria), conservar lo que constituye lo castizo español pero deshacerse de la ciega aceptación de doctrinas y costumbres y despertar al pueblo de su eterno sueño. “Volviendo a sí, haciendo examen de conciencia, estudiándose y buscando en su historia la razón de los males que sufren, se purifican de si mismos, se anegan en la Humanidad eterna. Por el examen de su consciencia histórica penetran en su intrahistoria y se hallan de veras” (OC 1:798). La voz del pueblo se fusiona con la voz de la campana en un acto consciente. La palabra ‘pueblo’ aparece tres veces; los de la generación del ‘98 andan en busca de lo auténtico español y por eso se aventuran hasta los pequeños pueblos. Sus cantos hipnóticos e inconscientes se manifiestan en un canto alarmado y alarmador: una petición, una negación , una queja de la doctrina “incuestionable.” En una síntesis hegeliana del momento presente (ahistórico) y el momento histórico actual, Unamuno le da voz a una internalización de la intrahistoria: la revelación de lo inconsciente en el pueblo español, adormecido por la crisis del ’98, se manifiesta a través del campaneo individual para darle voz y vida a una civilización.

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Bibliography

  • Butt, J.W. Unamuno’s Idea of Intrahistoria: Its origins and Significance. Studies in Modern Spanish Literature and Art. Ed, Nigel Glendinning. London: Tamesis, 1972.
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  • Laín Entralgo, Pedro. La generación del 98 y el problema de España. S.L.U. Espasa Libros, 1997.
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  • Unamuno, Miguel de. Obras Completas. Ed. Manuel García Blanco. Madrid: Escelicer, 1966-1971.
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  • Watson, Peggy W. Intra-Historia in Miguel de Unamuno’s Novels: A Continual Presence. Scripta Humanistica; 106. Maryland: Potomac, 1993. Print.

Citation

Victoria Fassrainer, « Una intrahistoria poética », Journal of Undergraduate Research, Volume 1.2, Columbia University | LAIC, Department of Latin American and Iberian Cultures (online), published on November 29, 2015. Full URL for this article

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